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Jun 09, 2026 · 1 chapters

El Niño que Despertó la Espada Prohibida

PARTE 1: EL NIÑO QUE DESPERTÓ LA ESPADA OLVIDADA

Durante más de cuatrocientos años, la Espada del Alba permaneció inmóvil en el corazón del Santuario de Eldor.

Nadie recordaba quién la había forjado.

Nadie sabía por qué había sido clavada en aquella roca negra.

Solo sobrevivía una antigua profecía.

"Cuando el reino olvide la compasión y adore únicamente el poder, la espada volverá a despertar... pero no para coronar al más fuerte."

Reyes, generales y campeones llegaron desde todos los rincones del continente.

Unos rezaban.

Otros amenazaban.

Muchos intentaban arrancarla con una fuerza capaz de partir escudos.

La espada jamás se movía.

Con el paso de los siglos terminó convirtiéndose en un símbolo de fracaso.

Hasta el día de la tormenta.

El cielo rugía sobre la capital cuando Lord Kael, el guerrero más poderoso del reino, avanzó entre la multitud.

Su armadura parecía una montaña de acero.

Los nobles comenzaron a aplaudir antes incluso de que tocara la empuñadura.

—Si alguien puede hacerlo, es él.

Kael apoyó ambas manos sobre el oro antiguo.

Empujó.

Respiró.

Gritó.

Las piedras comenzaron a resquebrajarse.

Los músculos de sus brazos parecían romper la armadura desde dentro.

Pero la espada permaneció inmóvil.

Finalmente cayó de rodillas.

La plaza quedó en silencio.

—Si yo no pude... nadie podrá.

La esperanza murió con aquellas palabras.

O eso creyó todo el mundo.

Desde el fondo de la plaza apareció un niño.

Iba descalzo.

Su ropa estaba remendada.

Llevaba una pequeña bolsa de cuero colgada al hombro.

Nadie conocía su nombre.

Algunos comenzaron a reír.

—¡Miren! Ahora también dejan intentarlo a los mendigos.

Los guardias sonrieron.

Los nobles apartaron la vista con desprecio.

Pero el niño siguió caminando.

No parecía avergonzado.

Solo observaba la espada con una extraña nostalgia.

Cuando llegó frente a la roca, Lord Kael le bloqueó el paso.

—Pequeño... esto no es un juego.

El niño levantó la cabeza.

—Nunca lo fue.

Aquellas palabras hicieron que el gigante se apartara sin saber por qué.

El muchacho colocó lentamente una mano sobre la empuñadura.

No tiró de ella.

Simplemente cerró los ojos.

Entonces ocurrió algo imposible.

La lluvia dejó de caer.

No porque hubiera terminado.

Sino porque cada gota quedó suspendida en el aire durante un instante.

Una luz azul comenzó a recorrer las antiguas runas.

La espada vibró.

Toda la montaña respondió.

Las campanas de la ciudad sonaron solas.

La roca se abrió lentamente.

Sin esfuerzo.

Como si hubiera estado esperando únicamente aquella mano.

El niño levantó la espada.

No hubo explosión.

No hubo relámpagos.

Solo un profundo silencio.

Miles de personas cayeron de rodillas.

En ese mismo instante se abrieron las enormes puertas del palacio.

La reina Selene apareció escoltada por sacerdotes.

Al ver al niño, el color desapareció de su rostro.

—No...

Sus labios temblaban.

—Es imposible...

Caminó hasta quedar frente a él.

Apartó con cuidado el cabello mojado que cubría su frente.

Debajo apareció una marca plateada con forma de media luna.

La reina dio un paso atrás.

Los consejeros esperaban escuchar las palabras que cambiarían el reino.

Creían que anunciaría al heredero perdido.

Pero su voz salió convertida en un susurro de terror.

—No es el salvador...

Toda la plaza quedó inmóvil.

—Es el último hijo del Guardián Oscuro.

El viento volvió con violencia.

Las runas de la espada cambiaron de color.

Del azul pasaron lentamente al negro.

El niño abrió los ojos.

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No comprendía por qué todos habían comenzado a temerle.

Y en algún lugar, muy por debajo del castillo, algo antiguo acababa de despertar.

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