PARTE 2: La Mujer Del Vestido Blanco

La habitación 407 estaba en silencio.
Un silencio extraño.
Pesado.
Como si incluso el tiempo hubiera decidido caminar más despacio.
Lucas permanecía sentado junto a la cama.
No recordaba cuándo había sido la última vez que durmió más de una hora seguida.
Su barba había crecido.
Sus ojos estaban hundidos.
Y aun así seguía allí.
Porque cada minuto junto a Amelia valía más que cualquier otra cosa en el mundo.
Frente a él, Sophia dormía abrazando un viejo conejo de peluche.
La pequeña no entendía completamente lo que estaba ocurriendo.
Solo sabía que mamá estaba enferma.
Y que papá parecía triste todo el tiempo.
Amelia abrió lentamente los ojos.
Cuando vio a Lucas, sonrió.
Incluso enferma.
Incluso agotada.
Incluso muriendo.
Seguía sonriendo.
—Sigues aquí.
Lucas besó suavemente su mano.
—Siempre.
Amelia intentó bromear.
—Eso empieza a ser un poco obsesivo.
Lucas soltó una risa rota.
Y durante unos segundos fingieron que todo estaba bien.
Como una pareja normal.
Como dos personas que todavía tenían toda una vida por delante.
Entonces la puerta se abrió.
Sin llamar.
Sin permiso.
Sin respeto.
Lucas levantó la vista.
Y el aire desapareció de sus pulmones.
Porque la mujer que acababa de entrar llevaba un vestido de novia.
Blanco.
Perfecto.
Impecable.
Cubierto de encaje y diamantes.
Vanessa Hart.
La mujer que lo había abandonado.
La mujer que había cambiado su amor por una fortuna.
La mujer que debería estar caminando hacia un altar.
No hacia una habitación donde alguien estaba muriendo.
Durante varios segundos nadie habló.
Ni siquiera Amelia.
Ni siquiera las enfermeras.
Era como si toda la habitación se hubiera quedado paralizada.
Vanessa avanzó unos pasos.
Sus tacones resonaron sobre el suelo.
Cada sonido parecía una falta de respeto.
Una invasión.
Una herida.
—Escuché lo que pasó.
Lucas se puso de pie inmediatamente.
—¿Qué haces aquí?
Vanessa lo observó.
Y durante un segundo pareció que iba a mostrar algo de humanidad.
Algo de vergüenza.
Algo de compasión.
Pero desapareció tan rápido como apareció.
—Quería verte.
Lucas no podía creer lo que estaba escuchando.
—¿Viniste al hospital el día de tu boda?
—Pensé que merecías una despedida.
Aquella frase provocó algo oscuro dentro de él.
Porque no había venido por Amelia.
No había venido por Sophia.
Había venido por ella misma.
Como siempre.
Amelia observó en silencio.
Entendiendo más de lo que cualquiera imaginaba.
Y entonces Vanessa cometió un error.
El peor de todos.
Miró hacia la cama.
Y preguntó:
—¿De verdad elegiste esto?
Lucas sintió un escalofrío.
—¿Qué acabas de decir?
Vanessa señaló a Amelia.
—Podrías haber tenido otra vida.
Otra oportunidad.
Otra historia.
Pero elegiste quedarte aquí.
La habitación se volvió helada.
Y entonces llegó la frase que nadie olvidaría jamás.
—Elegiste a una mujer que ya se está muriendo.
Amelia cerró los ojos.
Lucas sintió que algo dentro de él se rompía.
Pero Vanessa todavía no había terminado.
—Me dejaste ir por esto.
Por una vida que está terminando.
Por alguien que ya no puede darte un futuro.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Amelia habló.
Muy despacio.
Con la poca fuerza que le quedaba.
—Lucas...
Él corrió hacia ella.
—Estoy aquí.
Amelia buscó a Sophia con la mirada.
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
—Prométeme algo.
Lucas negó inmediatamente.
—No.
—Prométemelo.
—No voy a escucharte decir adiós.
Amelia sonrió.
Una sonrisa triste.
Una sonrisa de madre.
—Cuida a nuestra niña.
Lucas rompió a llorar.
—Tú misma se lo dirás.
Pero ambos conocían la verdad.
Y la verdad ya estaba entrando en la habitación.
Entonces Lucas se volvió hacia Vanessa.
Y algo cambió.
Por primera vez Vanessa sintió miedo.
Porque ya no estaba viendo al hombre que había amado años atrás.
Estaba viendo a un esposo.
A un padre.
A un hombre dispuesto a proteger a su familia de cualquier cosa.
Incluso de ella.
—No des un paso más.
Vanessa se quedó inmóvil.
—Lucas...
—Ni uno más.
Su voz fue fría.
Peligrosa.
Irreconocible.
—Si vuelves a acercarte a mi familia...
te arrepentirás de haber entrado en este hospital.
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Y por primera vez desde que llegó...
Vanessa comprendió que había perdido a Lucas para siempre.
